Historia de Shuggie Bain (Spanish Edition) by Douglas Stuart

Historia de Shuggie Bain (Spanish Edition) by Douglas Stuart

autor:Douglas Stuart [Stuart, Douglas]
La lengua: spa
Format: azw3
Tags: Narrativa
ISBN: 9788418342554
editor: Editorial Sexto Piso
publicado: 2021-09-08T00:00:00+00:00


Por costumbre, Shuggie pegó la oreja a la puerta principal antes de entrar. Después, a medida que fue recorriendo el largo pasillo, sintió en las paredes el sudor del repollo y la condensación del agua hervida del té. Fue adentrándose en la casa como un fantasma hasta que la vio en la puerta de la cocina envolviendo una barra de manteca blanca. Tenía el pelo suave, las raíces blancas le brillaban bajo el tinte negro, su rostro estaba libre de maquillaje. Mientras envolvía la manteca, estaba mirando por la ventanita que había encima del fregadero, hacia los kilómetros de tierras pantanosas. Su madre parecía estar tranquila.

Shuggie estaba más alto y erguido, se le habían quitado por fin los dolores intestinales. Agnes lo vio en las sombras del pasillo. Shuggie se acercó y ella le rodeó la cabeza con sus brazos y lo acercó a su blando abdomen. La abrazó y Agnes enterró la cara en el suave pelo negro de su hijo.

–Mmm, hueles a aire fresco –le dijo a Shuggie mientras le acariciaba sus helados mofletes y le daba un delicado beso.

–Tú hueles a sopa –apuntó él.

–¡Qué halagador! Anda, quítate el uniforme. Voy a traerte una taza de té.

–¿De verdad?

Agnes fue siguiéndolo desde la cocina. El salón resultaba acogedor y olía a aspiradora recién pasada y a limpiamuebles de limón. La estufa eléctrica estaba encendida y las enormes cortinas actuaban como barrera para el frío exterior. Encendió la tele, el contador que había encima indicaba que disponían de seis horas antes de tener que introducir más monedas de cincuenta peniques: un auténtico lujo. Shuggie se quitó los zapatos pisándose los talones, después los pantalones del colegio y la camisa blanca. La ropa cayó al suelo y la dejó allí amontonada. Se sentó en mitad de la enorme mesa de centro con los calzoncillos limpios y se quedó boquiabierto viendo los programas de la tarde.

Agnes llegó con una taza de té caliente y un platito, se lo puso todo delante.

–¿Eso qué es? –le preguntó Shuggie.

–Para ti –respondió.

Shuggie miró la dorada tarta de manzana y acercó len­tamente un dedo para tocarla. Sintió el calor emanar de ella. Agnes había metido la tarta y el platito en el horno para darles un toque de calor. Sobre el hojaldre marrón, los cristalitos blancos de azúcar duro se habían derretido formando una crujiente cubierta. De cada lado del hojaldre sobresalía un brillante puré de manzana, viscoso y caliente, que se derramaba en el plato. La tarta crujió felizmente bajo su dedo.

El chico miró la tarta estupefacto. Le preocupaba no poder comérsela porque se notaba el estómago raro, como cuando le daban retortijones de miedo. Pero esta vez, en vez de la asfixiante acidez, era algo que bullía en su interior como rayos de sol amarillos. Una sonrisa floreció en su rostro; levantó los pies y se quedó en equilibrio sobre el coxis; entonces, lleno de alegría, empezó a dar vueltas y más vueltas hasta sacarle brillo a la mesa.



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